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Cuando
Jesús entro en el templo encontró a los
cambistas y a los que vendían bueyes, ovejas y
palomas. Hizo un azote de juncos y los echó a
todos. Este azote fue hecho de un material
vulgar y común, sin embargo fue lo que Él
utilizó para purificar el templo. En el corazón
del Señor había un gran celo por lo que le
pertenecía al padre, y al ver lo corrupto
dentro de lo que debía ser la habitación de
Dios, no pudo tolerarla y comenzó a purificar
el templo.
Somos
el templo de Dios; sin embargo muchas veces
estamos llenos de cosas que no son para su
agrado: iras, engaños, vicios, dinero,
pasiones, orgullo, y tantas otras cosas, que
nada tienen que ver con el Señor.
Él
frecuentemente usa las cosas comunes y vulgares
para purificarnos, a veces nuestra esposa o
esposo, nuestros hijos, patrones, o empleados,
discípulos o lideres. Todos de alguna manera
hemos experimentado los azotes del Señor sobre
nuestro templo para purificarlo... ¿O no
recuerdas que Él dijo que "el Espíritu
que ha puesto en nosotros nos anhela celosamente"?
Ese celo trae sobre nosotros su purificación.
Cuando
entramos en el crisol, solo hay una manera de
salir de allí y es... purificado. Las
circunstancias del día a día, las situaciones,
parece que todo esta cabeza para abajo, la
confusión invade nuestros pensamientos y las
trampas que el diablo preparó, se convierten en
la perfecta herramienta para nuestra purificación
en las manos del Señor.
Cosas
comunes y vulgares. Son los instrumentos que el
Señor usa para perfeccionarnos en nuestros
caminos. No mires los azotes, mira el celo por
el amor, no sientas el dolor, siente el cariño
y gran amor que tiene por ti para limpiarte. Sé
que es doloroso, que no es fácil, pero es lo
que necesitamos sin ninguna duda; quizás por
eso la escritura nos dice que las pruebas traen
sobre nosotros "un mayor peso de gloria",
nadie cela lo que no ama, y piensa: si Él te
ama, Él que es el creador y dueño de todo lo
que se ve y lo que no se ve, te ama..., si Él
dijo: "mío eres tú, Yo te he engendrado
hoy..." y luego de limpiar susurra...
"pídeme y te daré por herencia las
naciones..."
A
veces confundimos amor con complacencia pero el
verdadero amor... nos cuida aun de nosotros
mismos...
Sólo
otro pensamiento...
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