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El
Señor le dijo a Pedro: "... las puertas
del infierno no prevalecerán contra ella".
Hablaba de la iglesia. Durante mucho tiempo se
enseñó que esta era una lucha del diablo en
contra nuestro, que como león rugiente él
andaba buscando a quién devorar... y se
asociaban estos versículos. Pero la realidad es
que esto no tiene nada que ver uno con lo otro.
Las
puertas no están hechas para atacar sino para
defender, no están compuestas de armas sino de
escudos o cerraduras para no permitir entrar o
salir de ellas a nadie, y la realidad de estas
palabras dichas por el Señor es que el reino de
las tinieblas está en retirada. Quizás por eso
el apóstol Pablo dijo que: "nuestras armas
son poderosas para la destrucción de fortalezas".
Estas son las fortalezas que tienen las puertas
del infierno en ellas, que mantienen presas a
personas y también en cautividad retienen lo
que el Señor nos ha entregado.
Tal
vez te preguntes: ¿Si el Señor nos lo entregó,
cómo es que está detrás de esas fortalezas y
con esas puertas? El Señor tomó posesión jurídica
conforme a la ley de los reinos. En la cruz del
calvario nos entregó esa autoridad y nos dijo:
"ustedes son la iglesia y las puertas del
infierno, es decir todos los impedimentos que el
diablo ha puesto en esta tierra edificando sus
fortalezas, no prevalecerán contra ustedes,
tienen el poder y la autoridad legal y también
las armas para tomarlas". Pero esto también
nos dice que cada cosa que pedimos o anhelamos,
cada territorio nuevo que buscamos tiene
fortalezas que conquistar y puertas que
derribar, y cada puerta es una batalla...
Este
año que pasó, fue un año difícil, pienso
que... de batallas. ¿Sabes? Hasta hace unos días
atrás no lo había pensado, solo creí que tal
vez me había equivocado en decisiones; por
momentos me sentí desorientado y hasta con
ganas de huir pensando que todo lo que había
tratado de edificar se estaba derrumbando. Me
encerré en mi cuarto de refugio y hasta cerré
las ventanas para que la luz no entre. Por
momentos me sentía seguro en la oscuridad... a
veces somos como el avestruz, que cuando está
en peligro mete la cabeza en un pozo, pensando
que si él no ve, su enemigo no lo verá y
tristemente termina en las fauces de sus
depredadores. ¡Menos mal que nosotros tenemos
quien nos cuida aun en los momentos de oscuridad!
Hoy
entiendo que mi lugar no es el cuarto de refugio
sino la tienda de campaña, entre las armas de
guerra que Él me entregó, pues cada puerta que
deseamos derribar, significan luchas que pasar,
fortalezas que tomar y territorios que reclamar.
El
único problema que tenemos es el abandono, y
esta es el arma mejor guardada del diablo. En el
desánimo él nos trae la desesperación, y allí
nos invade la confusión. Ese es el preciso
momento en que debemos aferrarnos de sus
promesas, que son eternas y tienen cumplimiento,
no pisar en la tierra sino sobre las aguas del
llamado, comprender que nada podrá impedir el
cumplimiento de lo que Él dispuso sobre
nosotros...
Sólo
nuestro abandono... Amigo, si estás así, no te
quedes en el cuarto del refugio, sal a la tienda
de campaña. Sumérgete si, pero en el río de Su
voluntad, aférrate a ella y busca el arma
adecuada, porque Él dijo que son poderosas
para la destrucción de fortalezas. Sólo
mantente firme y espera la salvación del Señor,
Él vendrá y peleará tu batalla. Es tiempo de
conquista, es tiempo de que el cielo que hay en
ti prevalezca sobre esa nueva puerta del
infierno que se levanta para no dejarte alcanzar.
La promesa dice que no prevalecerá contra ti.
No
temas, sólo mantente firme, no te dejará a la
deriva y llegará la salida en el momento justo.
No te olvides que "si el grano de trigo no
cae a tierra y muere... queda solo". No te
quedes en soledad, muere y lleva fruto.
Sé
que no es fácil, pero tú ora por mi y yo por
ti y seguramente nos veremos al final...
Sólo
otro pensamiento...
y
este, pensamiento de Guerra!
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