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Últimamente
estuve pensando cómo es que, sin darnos cuenta,
podemos dejar de alcanzar lo que Dios ha
preparado para nosotros; que muchas veces sin
quererlo abortamos nuestras profecías por
esperarlas y no salir a tomarlas..., y pensaba
en la situación de Moisés en las aguas de Meriba
donde por ser importunado por el pueblo perdió
la posibilidad de entrar en la promesa que Dios
le había hecho de caminar en la tierra
prometida.
El
Salmo 103 lo describe así: que la rebelión del
pueblo le ocasionó un mal. Dios le había dicho
que le hablara a la roca para que diese agua
pero Moisés la golpeó, ¿por qué lo habrá
hecho? Yo tengo dos o tres pensamientos que me
gustaría compartir con vos: primero, la
costumbre, ya había vivido esa situación y
golpeó la roca y dio agua. A veces no nos damos
cuenta que el Rema de hoy es el Logos de mañana,
es decir lo que Dios te habla hoy para este
momento ya no es lo mismo en un futuro; la
costumbre te mata...
Dios
es un Dios presente, no pasado. La dirección de
Dios es necesaria en cada circunstancia, por eso
a veces cuando aplicamos los mismos métodos
ante situaciones similares no resultan como
resultaron antes. La profecía de Dios debe ser
ejecutada día a día. En el libro de Deuteronomio
dice que debemos tomar posesión de nuestra
tierra prometida TODOS LOS DÍAS hasta que
muramos. Tomar posesión de nuestras promesas no
es un acto de una sola vez, cada día al
comenzar la mañana debemos tomar posesión de
las promesas que Dios trajo sobre nosotros. ¿Cómo
lo hacemos? Guardando sus mandamientos y poniéndolos
por obra.
Moisés
debía hablar pero golpeó porque golpear le había
resultado antes. El antes ya es religión y la
religión te hace perder la frescura del Dios
del hoy y te convierte en un cadáver que habla
vida. No te apartes de tu llamado, el verdadero
llamado de Moisés era estar con Dios, Él mismo
le dijo: "Y Mi presencia irá contigo y te
daré descanso..." Ese acto de olvido le
costó mucho a Moisés... le costó el
cumplimiento de su promesa: "...VERAS LA
TIERRA PERO NO ENTRARAS EN ELLA, porque no me
santificaste delante del pueblo." Cada acto
de cumplimiento de su voluntad a través de
nosotros lo santifica delante de los demás.
No
permitas que ninguna circunstancia, por más
estresante que sea, te aparte de tu verdadera
labor... ministrar AL Señor, ministrar DEL Señor
es solo consecuencia...
No
te olvides, hay mucho en juego...
¡Nada
menos que tus promesas...!
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