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Tantos
momentos en nuestra vida ocurren… entre pasos
inciertos... En ocasiones me veo como esos
sacerdotes que tenían que entrar al lugar santísimo
a tientas, esperando que la gloria iluminara el
lugar o fuera su verdugo…
Hay
tantas cosas que no sabemos… Me ocurre, y a
veces creo que con demasiada frecuencia, al
tomar decisiones, que simplemente debo confiar
en mi testigo interior. ¿Debemos confiar en
nuestra voz interior? Muchas veces me lo pregunté,
hasta que al fin reflexioné sobre quién era el
que fue hecho nuevo en mi, y me di cuenta que en
realidad el que fue RESUCITADO, por decirlo de
alguna manera, fue mi espíritu. Él era el que
estaba muerto por los delitos y pecados que mi
alma y cuerpo cometieron y esa muerte se
transmitió a ellos, pero al venir Cristo a mí,
esta parte de mi ser fue hecha nueva, mi espíritu
fue hecho nueva criatura, y del mismo modo que
antes la muerte de el alcanzó mi alma y mi
cuerpo, ahora la vida de la nueva criatura en la
que fue transformado alcanzará mi alma y mi
cuerpo.
Por
eso tal vez Pedro dice que nosotros también
como piedras vivas somos "edificados
como un templo santo", y Pablo en Efesios
dice que somos edificados "para habitación
de Dios en el espíritu". Es que en
realidad el Espíritu Santo de Dios viene a
cohabitar con nuestro espíritu que, siendo
hecho nuevo, ahora tiene la misma naturaleza que
Dios tiene, su mismo ADN. Entonces si esto es así
deberíamos decir que sí podemos escuchar
nuestra voz interior para tomar decisiones... Y
aun para aprender a callar o a hablar.
¿Qué
les parece si tomamos este ejercicio por una
semana? Trate de hacer silencio y escuche su voz
interior… y obedézcala. Tal vez y sólo tal
vez se dé cuenta que… se equivoca menos…
Sólo...
un pensamiento.
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