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¡Qué
frase! ¿A quién le agrada este dolor? Alguna
vez supe escribir: ¿Para qué cortar lo que se
puede desatar? Pero cuando es necesario cortar
porque no hay más remedio, es mejor hacerlo con
algo bien afilado; y cuando los instrumentos
escogidos somos nosotros... ¡Qué dolor al ser
afilados!
Pero
recuerda que siempre serás de bendición si
soportas el dolor de ser afilado. Muchas de las
circunstancias que se nos presentan en nuestra
vida no son otra cosa más que parte de esa gran
piedra de afilar que va desgastando nuestras
partes más duras para darnos la capacidad de
seccionar, primero en nosotros, muy
cuidadosamente como un bisturí en una operación,
aquellas cosas que se van convirtiendo en
tumores malignos en nuestras vidas y en la de
los demás. Que no tienen otro objetivo sino el
de matarnos y hacer morir al que los lleva:
iras, enojos, mentiras y una diversidad de
pecados que no son sino tumores malignos. Estos
no nos quieren dejar vivir en plenitud la vida
que El nos regaló. Es un trabajo largo y duro
pues nos lleva toda la vida... (por lo menos yo
todavía no termino), muchas veces siento esa
gran roca rozándome en mi intelecto, mi carácter
y mis reacciones, y... ¡Cómo duele! Pero luego
de un tiempo de roce y agua veo cómo la
aspereza de mis conductas se vuelven cada vez más
suaves y delicadas y como los cortes que
ocasionalmente debo hacer son cada vez mas
imperceptibles e indoloros.
Seguramente
sería mejor no tener que sufrir el ser afilado,
pero ¿Qué utilidad tiene un cuchillo sin filo?
Aun el mejor instrumento de corte debe sufrir el
desgaste del afilado, la seguridad que tenemos
es: El afilador nos ama, y el primero sintió el
dolor de la piedra en sus manos, sus pies, y su
costado y hasta soportó en su propio rostro la
necesidad de ser asentado para poder luego con
primoroso cuidado cortar sin dejar rastro y aun
cortar amando. Me pregunto... ¿Podremos
nosotros llegar a imitarlo?...
No
lo sé... pero estamos en proceso.
Sólo...
un pensamiento.
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