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A veces me pregunto... ¿Cómo es que nuestros valores y conceptos pueden cambiar tan fácilmente dejándose llevar por los pensamientos del común denominador de la gente? Sólo nos basta dar una mirada a la Palabra escrita de Dios y podríamos tomarnos una gran taza de realidad.
Es que al ver que a cada paso que Él dio dejó huella, y que cada centímetro que le ganó al enemigo en este mundo tuvo un precio... cuando veo de qué manera Él estuvo dispuesto, por un fin mayor, a seguir cada senda predeterminada por Dios para lograr NO LO QUE ÉL QUERÍA, sino lo que Dios quería... recordaba el verso 5 del capítulo 10 de hebreos que dice: "ME PREPARASTE CUERPO"
¿Te detuviste a pensar en eso? "Me preparaste cuerpo". Es decir que Dios, el creador de todo y que también pensó en la manera de redimirlo, desde el principio preparó en su mente un cuerpo que estuviera dispuesto a hacer SU voluntad para alcanzar SU propósito, que era la Salvación de la creación.
Jesús dice estas palabras: "...en el rollo del libro está escrito sobre mi, VENGO SEÑOR A HACER TU VOLUNTAD", no la suya propia. Por eso en Getsemaní dice: "...si puedes, haz pasar de mí esta copa, PERO HAGASE TU VOLUNTAD, NO LA MÍA". La voluntad de Jesús no era morir pero cedió su voluntad por un propósito mayor.
Entonces yo me pregunto: si Él, por una Esposa (su iglesia), se entregó al pago del dolor, los azotes y la muerte ¿Qué estamos nosotros dispuestos a pagar por la obra que queremos? Y ¿A qué estamos renunciando para lograr el propósito que creemos que Dios nos puso por delante?
Si Él dio sangre…
Recuerdo cuando hablando sobre economía en una reunión de pastores les comenté como enseño el principio de la prosperidad en nuestra iglesia, y les dije que desafío a las personas que por tres meses diezmen poniendo en el sobre sus nombres y cantidades y si al tercer mes no han sido prosperados, que me lo dijeran para recuperar sus sobres que no fueron tocados y los habría delante de ellos. Entonces yo mismo, de mi bolsillo, les daría el 50% más de lo que había en ellos. Algunos pastores me dijeron: ¿Y si tiene que devolverlo? Y yo respondí: "SI EL DIO SANGRE… YO PUEDO DAR DINERO".
Es que la verdadera pregunta no es ¿Cómo lograrlo? Sino ¿Hasta donde estamos dispuestos a llegar? Porque si llegamos al altar del sacrificio y nos ponemos en él, LA VICTORIA ES SEGURA, pues no viviremos nosotros en Él, sino ÉL en nosotros. |