Muchas
veces recibimos palabra profética o de conocimiento sobre
algunas áreas de nuestra vida o ministerio, y eso nos llena de
gozo o alegría; esperamos tranquilos el cumplimiento de la
palabra o promesa que Dios nos dio a través del hermano o
pastor y simplemente nos quedamos quietos. ¿Alguna vez te pusiste a pensar que la promesa de Dios en
realidad requiere de nosotros una acción concreta?
Cuando
Dios le habla a Josué, le confirma la promesa hecha a Moisés.
Con esto Josué podría haberse quedado tranquilo esperando
el cumplimiento de la promesa, pero Josué era un hombre
experimentado en promesas. Él había vivido una vida junto
al precursor de las promesas, Moisés, y lo había visto
tomar acción en cada una de las promesas que Dios le había
hecho, como cuando envió el Maná y los Israelitas debieron
levantarse temprano, para levantarlo,
pues el sol lo consumía; cuando envió las codornices y tenían
que cazarlas y apilarlas y para permanecer bajo sombra
debían estar bajo la nube.
Allí Josué aprendió que toda promesa requiere una acción,
para Él no fue asombroso que Dios le dijera "ahora
cíñete, y toma la espada, la lanza el escudo y a los
hombres de guerra y pasa ahora a esta tierra y conquístala,
porque así como estuve con Moisés estaré contigo".
La promesa requería una acción, y durante la acción la
promesa iría tomando cuerpo y desarrollándose sobre la
vida de Josué y junto con Él en todo el pueblo.
Del mismo
modo la promesa sobre tu vida, como fuere que haya llegado,
requiere una acción, no es simplemente quedarse y esperar,
es necesario hacer para que la promesa tenga cumplimiento.
Si Dios trajo sobre tu vida la promesa del don de sanidad,
debes comenzar a orar por los enfermos aunque no se sane
ninguno, sólo basándote en la promesa del cumplimiento de
Su Palabra.
Debemos conquistar nuestras promesas porque todo lo que
hacemos y decimos en la tierra Tiene Eco en los Cielos.
La conquista es nuestro ministerio, y nuestra meta en el
desarrollo de nuestro ministerio se transforma en una
conquista diaria. No te quedes esperando que suceda, haz que
suceda; no esperes que venga, vé a buscarla; el que te la
dio, también preparó el modo de obtenerla, porque muchas
promesas se pierden por la inoperancia de quienes la
reciben, porque solamente esperan que suceda y no hacen nada
para que suceda.
Busca tu promesa y atrápala;
no dejes que nadie te la
quite. Cíñete como soldado, toma la espada, la lanza y el
escudo, ponte el yelmo, entra, conquista, toma, desarraiga,
arranca y destruye todas las ideas negativas que no te dejan
creer o ponerte en movimiento y comienza a caminar en la
promesa. Esa es la forma. Visualiza su cumplimiento y mírate
en él, sostente como viendo al invisible y verás como lo
imposible se hace posible, entra a la batalla y levanta la
bandera de la promesa, Él dijo que estaría contigo y que
no te dejaría, si el lo prometió el lo va a cumplir, no lo
dudes.
No abortes la criatura en tu interior por tener que esperar,
porque el “aguarda un momento” que Dios te dice, en el
es un minuto, pero en nosotros tal vez meses... no importa,
mira la promesa, no se tardará, tómate de los cuernos del
altar en tu corazón, gesta la criatura y dala a luz, porque
lo que él dijo que vendría, vendrá y no fallará.
Sal a
buscar tu promesa, haz de la conquista tu ministerio, porque
Él nos llamó para vencer, súmate a la victoria y atrapa
tus sueños.