María,
muy de mañana, se encaminó hacia la tumba del Señor. Sus pensamientos nadie los conoce, lo que sí es seguro
es que
nunca hubiera imaginado encontrar la tumba vacía. Sus ojos
se desorbitaron, su corazón se desgarró, y solo atinó a
correr para buscar ayuda. Lo curioso es que a quienes fue a
buscar no la ayudaron, sólo observaron la tumba y se
fueron. Ella, sin consuelo, entre lagrimas, no pudo irse, se
quedó allí desgarrada.
Nunca hubiera imaginado encontrar la tumba vacía.
Tal
vez ni pensó como movería la piedra, sólo fue en busca de
la tranquilidad de hallar la tumba y quizás llorar su pérdida,
al maestro, a su salvador, con sus recuerdos agolpándose
sobre su mente del día que la libró de morir apedreada, de
esos ojos que se encontró diciéndole ¿mujer donde
están los que te condenan? Y su voz acariciándole
el corazón diciéndole: Yo tampoco te condeno, vete y
no peques mas; pero cuando llegó y encontró la
tumba vacía todo cambió.
Hasta
un instante atrás la seguridad de la tumba lo era todo, ese
era el lugar del encuentro y lo sería tal vez por muchos años
y para muchas personas, pero ahora estaba vacía. Ella se
sintió perdida, solo deseaba un lugar donde saber con
seguridad que le hallaría. Aunque fuese muerto, tenia la
necesidad de tenerlo cerca y ahora todo eso no estaba, no
dejaba de llorar, ahora sí que la soledad sería eterna
y...
...mi
amigo, así estamos muchos de nosotros, con una tumba vacía
pero sin saber dónde encontrarle y sin lágrimas que lo
traigan como las de Maria.
Déjame decirte que muchos vivimos así con la tranquilidad
de una tumba, tal vez esa tumba sea nuestro conocimiento, o
una cantidad de versículos bíblicos, o la vieja seguridad
de la salvación, o algún don o gracia que el depositó en
nosotros y eso se convirtió en nuestro Jesús en la tumba.
Lamentablemente hay quienes nunca se dan cuenta que la tumba
esta vacía, que deben llorar y desesperarse para pasar de
las mortajas al milagro de los ángeles, es decir de los
rudimentos a la gloria, y aún entre la gloria (ángeles) no
sentirse satisfechos hasta llegar al encuentro del consuelo
y la comisión.
Tal
vez, mi amigo, no te has dado cuenta que tu tumba esta vacía,
y que en el cielo están esperando que te desesperes de tal
forma que tu desesperación ocasione su venida para ver que
no es la tumba sino todo lo contrario lo que te da la
seguridad. A veces conviene mirar dentro de la tumba, de
tanto en tanto, eso ayuda. Yo acabo de mirar dentro de ella
y cuando la hallé vacía lo primero que me pregunté fue: ¿dónde
te he dejado Señor, en que lugar te perdí que sólo me
queda el recuerdo de mi tumba y esta vacía?
¿Miraste
dentro de la tumba últimamente? Y... ¿que harás?...