Tengo
27 años tratando de aprender a conocerle. A través de
esos años me topé con muchas puertas, en el laberinto natural de
mi humanidad que, al abrirlas, me hicieron caminar por
cuartos de mi naturaleza obscura y casi desconocida, pero
que al cruzarlos, indefectiblemente hallaba al final una
puerta abierta a una realidad espiritual cargada de poder
con una enseñanza y un letrero que decía “Sigue”...
Claro
que darme cuenta de eso me llevó algunos años, y en esos
años, cuando habría alguna de esas puertas no quería
entrar porque la realidad de ellas me causaba temor. ¿Podría
ser yo esa persona?
Era
lo que me preguntaba. Con el tiempo comprendí que no solo
ese era yo, sino que me sería imposible salir del
laberinto si no entraba en los cuartos. Animarme a entrar
fue toda una odisea y aprender a caminar por ellos me
llevó otros pocos años hasta hallar las puertas de
salida a las cámaras espirituales cargadas del perfume
que su gloria había dejado allí al pasar... y eso me
comenzó a transformar en un “cazador de su
gloria”.
¿Cómo
explicar esto? La verdad que no lo sé muy bien, lo voy a
intentar sin saber si lo voy a lograr,... Pasaron años ya
de la primera vez, y me tengo que remontar a los años de
mi niñez. Crecí con una conciencia muy religiosa, aunque
para mi no era religión sino realidad. Tenía algo muy
especial con mi fe, o con la fe. Por supuesto, nací católico
como la mayoría de nosotros. Desde pequeño mi única
salida era: "la iglesia". Allí
iba los sábados, a la reunión juvenil, y los domingos desde
temprano a la misa. Así fue mi primer encuentro con el
servicio; me miró el sacerdote y me dijo: ¿Quieres
ser monaguillo? Y antes que le conteste me dijo: "¡Ven!".
Cuando
entré en la sacristía me encontré con un mundo nuevo;
parecía que tocaba el cielo con las manos; tenia el corazón
que me explotaba y en ese tiempo... "lo ví" por
primera vez. Era una noche especial, sentía miedo, algo
aparentemente estaba a mi alrededor y no podía dormir.
Dejé la luz encendida, y me tapaba la cabeza. De pronto,
cuando saco la cabeza de bajo la sábana "lo
veo" ¡Era increíble! Pensé que estaba soñando...
Estaba sentado a los pies de la cama, su rostro irradiaba
paz, me miró y me dijo: "No temas"
Era un ángel y cuando me tocó la pierna, sólo me dormí.
A
partir de allí cada noche era lo mismo. Caminaba pensando
en su presencia, con temor pero... crecí, y con el
crecimiento en algún lado lo perdí. Con el tiempo no
solo perdí eso sino también todo lo demás, "el
hacha se había hundido",
y continué mi camino sólo con recuerdos, hasta que un día
llegué al final, y desemboqué en un callejón sin salida...
Drogas, alcohol, vicios, y una vida libertina me llevó a
casi perder mi vida en una salida de primavera. Una
sobredosis en el año 1977 me llevó a quedar olvidado en
un bosque, donde la Policía Montada me encontró y golpeó y
azotó mi cuerpo con varas de alambre hasta llegar a
decirse uno a otro: "déjalo que está
muerto".
Así
en esas condiciones me enfrenté al segundo segmento de
encuentro espiritual en mi vida, para mi ya todo estaba
terminado y a esa altura de mi vida los recuerdos del “ángel”
se habían desvanecido junto con mi pureza y dignidad. El descreimiento se había apoderado de mi corazón,
y en realidad la fe era un recuerdo sepultado en grandes
cargamentos de mentiras y deshechos que la habían
declarado muerta.
Muerte,
era hacia donde yo me dirigía. Y el asunto era que en
realidad no estaba preparado. La visión del lugar adonde iba me llenó de miedo y desesperación. Desde lo
más profundo de mis temores salió un recuerdo, "el
Dios de mi abuela", y un clamor: "Dios, yo
no creo que tú existas, pero si existes, ahora te
necesito porque ya no me queda tiempo..."
E
increíblemente sucedió, en medio de la gran oscuridad se
hizo presente. En ese momento no lo recordé, solo pude oírlo;
me extendió sus manos y me dijo: "Yo te voy a
sacar de aquí" y tomó mis manos y luego de
tres días me encontré caminando por una calle rumbo a la
salida del bosque, casi desnudo y con el cuerpo lleno de
sangre seca, y con una sola palabra entre mis labios: "Mi
ángel de la guarda me salvó". Ese fue el día
del reencuentro, y desde allí nunca mas le perdí. Lo que
yo no sabía en realidad era que allí comenzaría una
aventura que no terminaría nunca, y una persecución que
me llevaría a deambular por las cuevas de la selva mas
peligrosa jamás conocida: la espesura de mis
sentimientos, la oscuridad de mis deseos, y transitar las
sendas que conducían a mis propias miserias.
Esa
selva... era yo.