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¿Te
ha pasado que cuando te encuentras con la realidad de
la promesa de Dios en tu vida sobrepasa toda tu
expectativa?
A
mi me suele suceder a menudo, aunque parezca una gran
contradicción, porque por momentos te encuentras en
el valle de la desesperación y sientes que tu hermano
es el olvido, y al otro instante pareciera que
estuvieras sobre la cima del Everest, en el pináculo
de tus sueños. Justamente de esa parte es que te
estoy hablando ahora, cuando todo es simplemente
más... grande.
Caminamos
dando los primeros pasos en lo que es el embrión de
una visión que no adoptamos como propia hasta que
podemos llegar a creer que somos parte de ella, es
como un sueño que poco a poco se confunde y se hace
realidad. Despertamos dentro de una historia que nos
incluyó desde la eternidad y nos contaba como parte
de algo más grande, y comenzamos a darnos cuenta y
empezamos a soñar y el sueño se convierte en la visión
que dejó de ser un embrión y se transforma en
nuestra misión, y comenzamos a recorrerla y de pronto
sin saber cómo estamos por encima de ella tan solo
porque simplemente es más grande.
No
alcanzamos a medir la promesa de Dios que se cierne
sobre nosotros, ni llegamos a comprender la magnitud
de su alcance que se desata por nuestra fe, porque en
realidad no sabemos cuánta se necesita para
alcanzarla ni como se mide la fe en las esferas
celestiales. Por lo que sea, simplemente nos damos
cuenta que es mucho más grande, por momentos es
gratificante y por momentos nos trae temor y a la vez
nos debilita, te das cuenta que no sabes qué hacer ni
cómo sigue, y te detienes a pensar y de pronto te
encuentras con la realidad de que nunca supiste... que
simplemente en tu insípida fe, sólo con temor y
temblor, tan solo hiciste lo que podías hacer y era
solo... confiar, confiar que así como El lo comenzó
también lo va a terminar.
La
pregunta sería: ¿Por qué será diferente ahora?
Quizás nuestro error sea medir con nuestras
posibilidades los resultados y olvidar en realidad que
son SUS posibilidades y no las nuestras. ¿Qué hacer
entonces? Esa es una buena pregunta, que no se si
tiene respuesta. ¿Cómo responder a nuestros temores?
o ¿Cómo reaccionar en esas circunstancias? Aprender
a navegar por la fina línea de lo increíble sin
creernos que somos nosotros los artífices de la obra,
sin llegar a pensar que por alguna razón tengamos un
mérito mayor que solo estar en el lugar indicado, en
el momento justo y con la capacidad de oír y creer
que era posible, a la vez comprender que aunque el
hombre tal y como Dios lo pensó es una especie en
extinción, pero todavía permanecen en él
inalterables los orígenes que le dieron forma:
"semejantes a El". Así como la palabra
"rema" de Dios tiene el poder de ofrecer
estabilidad a un mundo lleno de caos, así nosotros,
como los hombres de ese mundo, como la imagen de su
sustancia, tenemos la capacidad de crear una isla de
certeza en medio de este mar de incertidumbre. Cuando
creemos y tomamos su palabra rema sobre nosotros
generamos un refugio de confianza dentro de la selva
impredecible de este mundo, y si nos olvidamos que El
es el director y el que guía nuestros pasos, si
solamente le reconocemos en todos nuestros caminos,
nos encontraremos siempre con que lo que El pensó
es.... más grande.
No
es simple la tarea, pero aunque te atemorice no puedes
negar que por lo menos es apasionante, y al fin El es
el que abre sendas donde no hay ninguna, solo crée y
prepárate a caminar las que tiene para ti, mientras
tanto yo trataré de caminar las mías con el menor
miedo posible, aunque no sin temor y temblor...
...y
al fin, es...
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