de mi humanidad, que al abrirlas, me hicieron
caminar por cuartos de
mi naturaleza oscura y casi desconocida, pero que al cruzarlos,
indefectiblemente hallaba al final una puerta abierta a una
realidad espiritual cargada de poder con una enseñanza y un
letrero que decía,
“Sigue”...
Claro
que darme cuenta de eso me llevó algunos años, y en esos años
cuando abría alguna de esas puertas no quería entrar porque la
realidad de ellas me causaba temor.
Me
preguntaba: ¿¡Podré ser yo esa persona!?
Con
el tiempo comprendí que no solo ese era yo sino que me seria
imposible salir del laberinto si no entraba en los cuartos.
Animarme
a entrar fue toda una odisea y aprender a caminar por ellos me
llevó otros pocos años hasta hallar las puertas de salida a
las cámaras espirituales cargadas del perfume que Su gloria había
dejado allí al pasar.
Eso
comenzó a transformarme
en un
“cazador de su gloria”.
Darte
cuenta que Él estuvo allí y no respondiste, puede ser muy
frustrante: “Detrás
de su voz salió mi alma”.
El
perfume y la estela que quedan a su paso son la unción.
La
unción es como el rastro de Dios para nuestros sentidos, es el
aroma que despierta nuestra necesidad, y yendo detrás de ella,
El nos enfrenta, cada vez, a una puerta distinta de nuestras
miserias, para que aprendamos a tratar con ellas.
Corres
un riesgo y es el de convertirte en un "adicto de su
gloria", de su perfume, de la unción. El rastro no te
conforma.
Allí
es donde comienza el cambio, pues solo la gloria te transforma
. Este es el tiempo en que Dios esta yendo
más allá de la unción,
nos está dejando rastros para que le busquemos y así, buscándole,
poder transformarnos. ¿En qué!? En su misma imagen.
Es
una experiencia inigualable, no te lo puedo explicar, solo te
puedo decir que cuando encuentres su rastro, será imposible que
tu alma no salga detrás de Él y tú también te conviertas en
un...
CAZADOR
DE SU GLORIA...
R.P.