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Pudimos
oir a los profetas
nombrar a personas con problemas cardiacos, musculares,
articulatorios, vasculares, motrices, auditivos, e
incluso intentos de suicidio y amargura de espíritu.
A
cada llamado, se levantaba la o las manos de las
personas que se identificaban con la situación y al
pasar al altar y recibir oración, la sanidad era casi
instantánea.
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