Reflexión Semanal:

Libros

Mensajes

Otras Actividades

Eventos locales y en el extranjero

Congresos

Visitas Internacionales

Visitas Nacionales

 

Apóstol Rodolfo Pronesti

Por supuesto, nací católico como la mayoría de los argentinos. Desde pequeño mi única salida era la iglesia. Allí iba los sábados, a la reunión juvenil, y los domingos desde temprano a la misa. 
Así fue mi primer encuentro con el servicio, me miró el sacerdote y me dijo: ¿Quieres ser monaguillo? Y antes de contestarle, me dijo: "ven".
Cuando entré en la sacristía me encontré con un mundo nuevo; parecía que tocaba el cielo con las manos, tenía el corazón que me explotaba y en ese tiempo "lo vi" por primera vez.

Era una noche especial. Sentía miedo. Había como algo que parecía que andaba alrededor mío y no podía dormir.
Dejé la luz encendida, y me tapé la cabeza. De pronto, cuando saqué la cabeza de la sábana lo veo, era increíble, pensé que estaba soñando. Estaba sentado a los pies de la cama, su rostro irradiaba paz. Me miró y me dijo: "No temas". Era un ángel y cuando me tocó la pierna, me dormí.

A partir de allí cada noche era lo mismo, caminaba pensando en su presencia, con temor... 
Pero crecí y, con el crecimiento, en algún lado lo perdí. Con el tiempo no sólo perdí eso sino también todo lo demás, el hacha se había hundido; y continué mi camino sólo con recuerdos, hasta que un día llegué al final y desemboqué en un callejón sin salida: drogas, alcohol, vicios, y una vida libertina me llevó casi a perder mi vida en una salida de primavera.

Una sobredosis en el año 1977 me llevó a quedar olvidado en un bosque, donde la policía montada me encontró y golpeó y azotó mi cuerpo con varas de alambre hasta llegar a decirse uno a otro: "déjalo que está muerto".
Así en esas condiciones me enfrenté al segundo segmento de encuentro espiritual en mi vida. Para mi ya todo estaba terminado y a esa altura de mi vida los recuerdos del “ángel” se habían desvanecido junto con mi pureza y dignidad, el descreimiento se había apoderado de mi corazón, y en realidad la fe era un recuerdo sepultado en grandes cargamentos de mentiras y desechos que la habían declarado muerta.

Muerte era hacia donde yo me dirigía, y realmente yo no estaba preparado. La visión del lugar adonde iba me llenó de miedo y desesperación, desde lo más profundo de mis temores salió un recuerdo, el Dios de mi abuela, y un clamor: "Dios, yo no creo que tu existas, pero si existes, ahora te necesito porque ya no me queda tiempo".

E increíblemente sucedió. En medio de la gran oscuridad se hizo presente. En ese momento no lo recordé, sólo pude oírlo; me extendió sus manos y me dijo: "Yo te voy a sacar de aquí" y tomó mis manos y luego de tres días me encontré caminando por una calle rumbo a la salida del bosque, casi desnudo y con el cuerpo lleno de sangre seca, y con una sola palabra entre mis labios: Mi ángel de la guarda me salvó.
Ese fue el día del reencuentro, y desde allí nunca más lo perdí. 

Lo que yo no sabia en realidad era que allí comenzaría una aventura que no terminaría nunca, y una persecución que me llevaría a deambular por las cuevas de la selva más peligrosa jamás conocida: la espesura de mis sentimientos, la oscuridad de mis deseos; y transitar las sendas que conducían a mis propias miserias. Esa selva era yo.

Creo que sería apropiado decir que, me convertí en un cazador de su gloria. Fue comenzar una aventura emocionante, y cuando digo emocionante lo digo en todo el sentido de la palabra, es decir abarcando todas mis emociones, alegrías, dolores, gozo, tristezas, angustias, desesperación, satisfacción, certezas e incertidumbres, seguridad e inseguridad, lágrimas y consuelos,... y para saber más hay que vivirlo, por eso cuando me dicen que el evangelio es aburrido, yo digo ¡Noooo..! ¡qué va a ser aburrido, todo lo contrario!, y cuando dicen que es religioso, les contesto que lo que menos tiene es religión, el evangelio fue la mejor noticia que me hayan dado en mi vida, es una buena noticia.

 Como dije anteriormente el camino a través de los cuartos de mi subconsciente no fue fácil, sobre todo porque la realidad de ellos abrumaba mi mente y me producía un gran dolor y vergüenza, ¿cómo aceptar que las paredes de esos cuartos tenían impresas mis ideas más oscuras? Cosas que jamás hubiera querido pensar, pero que sin embargo estaban allí, ¿dónde quedaba mi aparente razón, y mi tan guardada humanidad? 
Sólo alcancé algo de paz cuando en medio de la oscuridad pude divisar a lo lejos una luz de una puerta abriéndose y fui hacia ella, pero para llegar tuve que transitar todos los pasillos del cuarto e ir observando sus paredes reflejando mi interior sin Dios, y a medida que avanzaba, un gran sentimiento de arrepentimiento comenzó a apoderarse de mi y a medida que la convicción me embargaba, la puerta comenzaba a abrirse y la luz comenzaba a brillar con más fuerza.

El final fue algo hermoso, sólo que al llegar a la salida solamente encontré su perfume... y... yo lo quería a Él...
Allí comenzó una persecución que hasta ahora continúa, Él dejándome su perfume por huella y yo buscándole...

...y tal vez...

...sólo termine...

...en el cielo.

 

Diseño & Hosting
www.sol-design.com.ar
o

Ministerios El Camino © San Francisco Solano
Calle 843 Nro 2750 e/Av.24 y Ferrocarril Provincial
Teléfono: 54-11-4212-6840 - Buenos Aires · Argentina